Se pone en pie, comprueba si tiene alguna herida, y al estar seguro de que está sano (que no a salvo), camina sin rumbo fijo por un bosque selvático completamente desconocido para él. Los pájaros pían, el viento balancea las hojas y ramas del bosque y sin saber porqué, David se siente seguro, a gusto. Confía en que el peligro está fuera de ese bosque cuyos árboles no hacen más que protegerlo. Involuntariamente, sonríe. Se le ha ocurrido una locura.
No se atrevería a hacerlo a menos que estuviera solo, pero, no puede ver a nadie, de manera que da por hecho que solo la soledad lo acompaña. Y no teme estar solo, es la compañía la que lo molesta.
Sin pensárselo dos veces, se quita la camiseta y los pantalones, quedándose en calzoncillos y playeras. Mira hacia atrás divertido, y echa a correr como un demente riéndose sin parar con las ropas entre las manos. Evita las ramas, las raíces que atraviesan el suelo, sus playeras pisan el frío suelo con rapidez como en una carrera de obstáculos.
"Soy invencible." piensa con la adrenalina atravesando sus venas. Cierra los ojos para disfrutar del momento, pero sigue corriendo, confía en la tierra, ella no lo traicionará... El bosque termina, y al abrir los ojos ya no está solo.
Una muchacha pequeñita con cara en forma de corazón lo mira a los ojos presa de la vergüenza para no mirar su prácticamente desnudo cuerpo.
- ¿Qu-quién eres? - pregunta haciéndose la valiente con poco éxito en su tartamudeo.
David idea diferentes respuestas pero, finalmente, se limita a presentarse.
- David. - gruñe malhumorado.
- ¿Estás bien? - se preocupa Margaret al verlo tan... salvaje.
David asiente. Ambos dos permanecen inmóviles, sujetando el uno la mirada del otro, ella por educación, él por orgullo, hasta que David resopla cansado de esa situación y se gira hacia al bosque.
- Si tienes problemas, grítame. - le ordena antes de abandonarla a su suerte.
"Animal" piensa Margaret cuando se ha ido.
"Problema" se dice David en el bosque.
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