miércoles, 29 de febrero de 2012

Noche oscura

David... Parece que el viento susurra su nombre. Y no le gusta. Nunca le ha gustado su nombre le suena muy a niño, crío. Y no lo es. David sabe, debido al cielo tintado de rosa, que está anocheciendo, y que debería encontrar un lugar resguardado donde dormir. Obviamente, no debería estar en un lugar a la vista. ¿Quién sabe quién podría encontrarlo, o qué podría hacer con él? Ha decidido que en las ramas altas, cerca de la copa de un árbol alto y robusto, estará a salvo y podrá observar a su alrededor sin ser descubierto por ningún intruso, bien sea humano o animal.
Las últimas horas han sido una carrera. Un spring detrás de otro. Una huida. ¿Huida? No, él no es un cobarde, no huye de los problemas. Todo lo contrario, David afronta todo lo que la vida le plantea. Nunca sale corriendo. No tiene miedo.
No tarda en seleccionar un árbol en apariencia resistente y escalarlo hincando las uñas en la capa exterior de la madera. Se apoya como si fuera un mono en la rama más alta y ancha, y allí, se tumba atreviéndose a cerrar los ojos. Solo por un rato...