Un amigo.
- Mamá, quiero tener un amigo. - Dijo un pequeño niño en el parque tirando del brazo de su madre.
- Pero Nico, ¡si ya tienes amigos! - Exclamó su madre. - Está Marcos, Javier, Jorge, y también tienes amigas, como María o como Susana; además te has olvidado de alguien; alguien que estará encantado de ser tu amigo.
Nico no preguntó a su madre de quién se trataba. Quería descubrirlo por sí solo. Madre e hijo llegaron a casa y se cambiaron de ropa. La madre se fue a la cocina a preparar la cena mientras que el chiquillo se quedó en su habitación intentando adivinar quién podría ser su amigo.
Entonces llegó el padre a casa acompañado del más pequeño de los hijos, que eran solo dos: Nico y David. David tenía solo cinco años, mientras que Nico tenía siete. Entró David en el cuarto de Nico y le preguntó:
- ¿A qué juegas?
- A nada. Estoy pensando. - Respondió Nico.
- ¿En qué piensas? - Volvió a preguntar David.
- En nada.
Se formó un silencio entre ambos pero David no se echó atrás, se quedó allí apoyando a su hermano.
- David, ¿quieres ser mi amigo? - Dijo Nico.
- Nico, yo ya soy tu amigo. - Contestó el niño de cinco años.
- Entonces, te contaré un secreto: Te quiero.
- Pero Nico, ¡si ya tienes amigos! - Exclamó su madre. - Está Marcos, Javier, Jorge, y también tienes amigas, como María o como Susana; además te has olvidado de alguien; alguien que estará encantado de ser tu amigo.
Nico no preguntó a su madre de quién se trataba. Quería descubrirlo por sí solo. Madre e hijo llegaron a casa y se cambiaron de ropa. La madre se fue a la cocina a preparar la cena mientras que el chiquillo se quedó en su habitación intentando adivinar quién podría ser su amigo.
Entonces llegó el padre a casa acompañado del más pequeño de los hijos, que eran solo dos: Nico y David. David tenía solo cinco años, mientras que Nico tenía siete. Entró David en el cuarto de Nico y le preguntó:
- ¿A qué juegas?
- A nada. Estoy pensando. - Respondió Nico.
- ¿En qué piensas? - Volvió a preguntar David.
- En nada.
Se formó un silencio entre ambos pero David no se echó atrás, se quedó allí apoyando a su hermano.
- David, ¿quieres ser mi amigo? - Dijo Nico.
- Nico, yo ya soy tu amigo. - Contestó el niño de cinco años.
- Entonces, te contaré un secreto: Te quiero.
El sentido de una vida.
- ¿Qué harías si te dijera que mi vida no tiene sentido? ¿Qué harías si te dijera que nunca lo ha tenido? ¿Qué harías si te dijera que no creo que nada pudiera levantarme la moral? ¿Y si el mundo realmente termina? ¿Y si en realidad lo que termina con el mundo es la falta de integridad, de esperanza y de respeto que hasta ahora el ser humano podía demostrar? ¿Y si no sirve para nada seguir luchando? ¿Y si es mejor la muerte? ¿Qué pasará si un ser tan inocente y débil como un/una niño/a deja de creer en el amor? ¿Se acabará todo por no haber sido responsables de nuestro mundo?- Las miles de preguntas se amontonaban en una terrible y enorme lista de dudas que mi cabeza, mi corazón y mi alma no podían soportar. Entonces él se acercó un poco a mí y dijo:
- Toda vida tiene sentido cuando alguien quiere vivir, y si alguna vida no hubiera tenido sentido, habría sido como llevar una venda al caminar: no ves los peligros, pero tampoco las sorpresas. La moral solo se levanta si se tiene la actitud adecuada, pero tranquila, el mundo no terminará. Si el ser humano hubiera perdido todos esos dones de la humanidad significaría que tu no eres humana, porque tienes todas esas características y muchas más. Si no luchas, no vencerás. La muerte es la salvación de los perezosos, no significa que sea la mejor opción, sino que es el camino más fácil. Si un niño o una niña dejara de creer en el amor, siempre podrían aprenderlo con los años. Y no se acabara nada, porque si seguimos adelante, el camino puede ser interminable. -
- ¿Cómo puedes estar tan seguro de eso? - Le pregunté.
- Porque cuando tú sonríes; mi vida y la tuya comienzan a tener sentido. Porque si tu vida no hubiera tenido sentido nunca; no me harías tantas preguntas, sino que aceptarías tu realidad tal y como es. Porque la moral es una emoción, una sensación que puede mejorar o empeorar, es solo que cuando estas en el fondo de un pozo, parece que no podrás salir nunca de allí. Porque tengo fe en que el mundo es capaz de sobrevivir, y de vivir muchos siglos más. Porque encuentro todos los dones de la humanidad en ti, y no puedo negar que sea así. Porque La lucha, es el síndrome del que quiere llegar lejos. Porque la muerte solo parece una alternativa agradable, pero no lo es; y no debemos fiarnos de las apariencias. Porque tanto tu como yo fuimos niños, jóvenes, y aún creemos en el amor, lo que significa que siempre habrá alguien que sustituya nuestro lugar. Porque si solo buscamos el final del camino, no disfrutaremos de él; del mismo modo que si solo pensamos en el premio, no disfrutaremos del juego. - Respondió.
Sonreí y él comentó:
- Acabo de recobrar el sentido de mi vida.
- Toda vida tiene sentido cuando alguien quiere vivir, y si alguna vida no hubiera tenido sentido, habría sido como llevar una venda al caminar: no ves los peligros, pero tampoco las sorpresas. La moral solo se levanta si se tiene la actitud adecuada, pero tranquila, el mundo no terminará. Si el ser humano hubiera perdido todos esos dones de la humanidad significaría que tu no eres humana, porque tienes todas esas características y muchas más. Si no luchas, no vencerás. La muerte es la salvación de los perezosos, no significa que sea la mejor opción, sino que es el camino más fácil. Si un niño o una niña dejara de creer en el amor, siempre podrían aprenderlo con los años. Y no se acabara nada, porque si seguimos adelante, el camino puede ser interminable. -
- ¿Cómo puedes estar tan seguro de eso? - Le pregunté.
- Porque cuando tú sonríes; mi vida y la tuya comienzan a tener sentido. Porque si tu vida no hubiera tenido sentido nunca; no me harías tantas preguntas, sino que aceptarías tu realidad tal y como es. Porque la moral es una emoción, una sensación que puede mejorar o empeorar, es solo que cuando estas en el fondo de un pozo, parece que no podrás salir nunca de allí. Porque tengo fe en que el mundo es capaz de sobrevivir, y de vivir muchos siglos más. Porque encuentro todos los dones de la humanidad en ti, y no puedo negar que sea así. Porque La lucha, es el síndrome del que quiere llegar lejos. Porque la muerte solo parece una alternativa agradable, pero no lo es; y no debemos fiarnos de las apariencias. Porque tanto tu como yo fuimos niños, jóvenes, y aún creemos en el amor, lo que significa que siempre habrá alguien que sustituya nuestro lugar. Porque si solo buscamos el final del camino, no disfrutaremos de él; del mismo modo que si solo pensamos en el premio, no disfrutaremos del juego. - Respondió.
Sonreí y él comentó:
- Acabo de recobrar el sentido de mi vida.
Los miré a los ojos.
Nací en un pequeño y discreto pueblo del norte. Un pueblo con una pequeña población; tan pequeña que era imposible guardar un secreto. Aquello era lo que más aborrecía de ese lugar. Cierto que allí era donde había crecido, allí tenía a mi familia y a mis amigos, pero no aguantaba el hecho de no tener intimidad para nada. Por esa razón, me decidí a no hablar con nadie del pueblo sobre mi vida privada a menos que fuera estrictamente necesario
Un día un chico del pueblo que estudiaba conmigo me preguntó:
- ¿Por qué hablas tan poco? - Yo respondí:
- Porque no tengo nada por decir. -
- Todo el mundo tiene algo que decir. Todos tenemos una vida de la que podemos sentirnos orgullosos o avergonzarnos, pero si corremos una cortina y nos escondemos detrás de ella, nunca sabremos que es lo que los demás admiran o aborrecen de nosotros. Las personas cambian a lo largo de la vida por el contacto con otros seres humanos, pero la misma confianza que debemos tener con las personas de nuestro alrededor es la que nos hace más fuertes, nos hace madurar y nos cambia a mejor. - Contestó él.
- Me gusta tener intimidad, ¿es eso tan malo? - Le dije.
- No, de malo no tiene nada. - Intervino una chica de mi instituto, también compañera de clase. - Pero un pueblo pequeño es como una familia: es comprensible que no te lleves bien con todos, y que todos no te conozcan bien, pero conocen lo importante de ti, porque eso es lo único que importa; importa que seas tú misma, y no te arrepientas de ser lo que eres. Por esa razón, no deberías tener nada que ocultar.
Mire a aquella chica a los ojos, después miré al muchacho que se había dirigido a mí por primera vez; me miraban sonrientes y felices, sin esconder nada y sin ningún tapujo.
Los miré de nuevo a los ojos, y supe lo que me había perdido:
Había perdido muchas oportunidades de hacer amistad, y de confiar, no solo en mí, sino en los demás también.
Un día un chico del pueblo que estudiaba conmigo me preguntó:
- ¿Por qué hablas tan poco? - Yo respondí:
- Porque no tengo nada por decir. -
- Todo el mundo tiene algo que decir. Todos tenemos una vida de la que podemos sentirnos orgullosos o avergonzarnos, pero si corremos una cortina y nos escondemos detrás de ella, nunca sabremos que es lo que los demás admiran o aborrecen de nosotros. Las personas cambian a lo largo de la vida por el contacto con otros seres humanos, pero la misma confianza que debemos tener con las personas de nuestro alrededor es la que nos hace más fuertes, nos hace madurar y nos cambia a mejor. - Contestó él.
- Me gusta tener intimidad, ¿es eso tan malo? - Le dije.
- No, de malo no tiene nada. - Intervino una chica de mi instituto, también compañera de clase. - Pero un pueblo pequeño es como una familia: es comprensible que no te lleves bien con todos, y que todos no te conozcan bien, pero conocen lo importante de ti, porque eso es lo único que importa; importa que seas tú misma, y no te arrepientas de ser lo que eres. Por esa razón, no deberías tener nada que ocultar.
Mire a aquella chica a los ojos, después miré al muchacho que se había dirigido a mí por primera vez; me miraban sonrientes y felices, sin esconder nada y sin ningún tapujo.
Los miré de nuevo a los ojos, y supe lo que me había perdido:
Había perdido muchas oportunidades de hacer amistad, y de confiar, no solo en mí, sino en los demás también.
No hay comentarios:
Publicar un comentario