sábado, 10 de diciembre de 2011

¿Quién eres?

David despierta de repente. No recuerda qué le ha pasado... "¿Dónde estoy?" se pregunta a si mismo. Una voz lo ha atravesado de arriba a abajo preguntándole una y otra vez quién era. David no ha respondido pensando que se trataba de su inútil conciencia. Aún oye el susurro de esa voz repitiendo la misma pregunta, pero no le cuesta nada ignorarla.
Se pone en pie, comprueba si tiene alguna herida, y al estar seguro de que está sano (que no a salvo), camina sin rumbo fijo por un bosque selvático completamente desconocido para él. Los pájaros pían, el viento balancea las hojas y ramas del bosque y sin saber porqué, David se siente seguro, a gusto. Confía en que el peligro está fuera de ese bosque cuyos árboles no hacen más que protegerlo. Involuntariamente, sonríe. Se le ha ocurrido una locura.
No se atrevería a hacerlo a menos que estuviera solo, pero, no puede ver a nadie, de manera que da por hecho que solo la soledad lo acompaña. Y no teme estar solo, es la compañía la que lo molesta.
Sin pensárselo dos veces, se quita la camiseta y los pantalones, quedándose en calzoncillos y playeras. Mira hacia atrás divertido, y echa a correr como un demente riéndose sin parar con las ropas entre las manos. Evita las ramas, las raíces que atraviesan el suelo, sus playeras pisan el frío suelo con rapidez como en una carrera de obstáculos.
"Soy invencible." piensa con la adrenalina atravesando sus venas. Cierra los ojos para disfrutar del momento, pero sigue corriendo, confía en la tierra, ella no lo traicionará... El bosque termina, y al abrir los ojos ya no está solo.
Una muchacha pequeñita con cara en forma de corazón lo mira a los ojos presa de la vergüenza para no mirar su prácticamente desnudo cuerpo.
- ¿Qu-quién eres? - pregunta haciéndose la valiente con poco éxito en su tartamudeo.
David idea diferentes respuestas pero, finalmente, se limita a presentarse.
- David. - gruñe malhumorado.
- ¿Estás bien? - se preocupa Margaret al verlo tan... salvaje.
David asiente. Ambos dos permanecen inmóviles, sujetando el uno la mirada del otro, ella por educación, él por orgullo, hasta que David resopla cansado de esa situación y se gira hacia al bosque.
- Si tienes problemas, grítame. - le ordena antes de abandonarla a su suerte.
"Animal" piensa Margaret cuando se ha ido.
"Problema" se dice David en el bosque.

Abre los ojos, ¿qué ves?

"Oh Dios mío, ¿qué es esto? Parece el paraíso. ¡Es maravilloso! El agua cae desde una preciosa cascada sobre una piscina, ni un pozo ni un lago, no es para nada natural. ¿Donde estoy?
En casa, sí, eso es, estoy en casa. Hogar dulce hogar. Nunca he sentido nada parecido... Como si perteneciera a este lugar, como si fuera parte de esas rocas por las que resbala el agua. ¡Oh! ¡Qué sonido mas relajante! Olas del mar, melodiosa agua que cae al agua. Be water my friend... ¿Quién no quisiera ser como el agua? Todo deriva de ella y termina en ella. Es el principio y el final.
Eden, nunca creí que fuera real, pero si lo fuera, debe de ser muy parecido a esto. Vivir aqui debe de ser fantástico... Agua potable, alimento, ni si quiera hay una temperatura desagradable... Es todo tan... perfecto. Sospechosamente perfecto. ¿Por qué no hay nadie aquí?" Margaret pierde el hilo de sus pensamientos llena de sospechas, y tal como le ha ordenado la voz sin rostro, abre bien los ojos. Comienzan a sudarle las manos y sus débiles piernas tiemblan como un flan. Margaret busca a su alrededor aterrorizada. "Con un simple rostro me vale, no necesito que sea agradable, no quiero estar sola aquí..." pide sin pronunciar una sola palabra.
Un bosque de aspecto tenebroso rodea ese falso oasis de paz. Excepto por el murmullo del agua al caer, el silencio inunda el valle, y eso solo causa mas desconfianza en Margaret.
Aunque no lo sepa, no está sola. Sin embargo, hace bien en creer en sus instintos y su intuición al afirmar asustada en un susurro:
- Es una trampa.